miércoles, 25 de mayo de 2016

Ana María Aldrighetti

Nació el 24 de enero de 1957 en Jesús María, Córdoba. Docente. Profesora de Lengua y Cultura Italiana.
Participó en diferentes certámenes literarios de poesía y cuento, resultando finalista para  integrar junto  a otros escritores, distintas antologías: V Antología Literaria de Cuentos y Poesía, Ed. Alternativa (1997); Confluencia Poética, Ed. Nubla (1997); 300 Escritores hacia el 2000, Ed. Nubla (1998); Homenaje a Oliverio Girondo, VI Certamen Internacional, Ed. de Los Cuatro Vientos (2003).
En el año 2014 recibió un reconocimiento especial de la Sociedad Dante Alighieri de Cavalese – Trento – Italia por su producción “A mi hijo” el concurso “Il carro delle muse”.
En julio de 2007 publicó su primer libro: “Martina y Stefano- La aventura”, novela para niños de 8 a 10 años. Ed. Babel y en noviembre de 2011 publicó su segundo libro: “Poemas y Cuentos Mascoteros” para niños de 7 a 9 años,  en coautoría con el Dr. Miguel Ángel Halabi, Ed. Babel.
En  2016, 2017 y 2018 sus libros fueron seleccionados  por programa: “Estímulo Ediciones Literarias Cordobesas” de la Legislatura del gobierno de Córdoba, el cual fomenta el crecimiento y profesionalización de los autores y editoriales de Córdoba, a través de su publicación, difusión y distribución en bibliotecas populares y entidades educativas.

En mayo de 2018 publicó su tercer libro: “Relatos de mi Infancia”, un relato autobiográfico para niños de 8 a 11 años, editado por Hermanamientos Literarios Editora en versión  papel y digital.

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Relatos de mi infancia


Fragmento.
Hermanamientos Literarios Editora. 51 pg. Córdoba, 2018.


Cuando Anna era pequeña vivía en el campo, en un pueblito del norte cordobés. El lugar carecía de encantos particulares. No tenía un río, ni montañas, ni lagos, ni lagunas. ¿Turistas? ¡Ni hablar! A qué irían allí, sobre todo en verano donde lo único que podían encontrar era tierra árida, calor y mosquitos. Sin embargo, Anna, junto a sus padres y demás pobladores, eran felices. Eran épocas donde la luz eléctrica sólo existía en las grandes ciudades, al igual que el teléfono y gas natural. ¡Se imaginarán que tampoco existían celulares ni internet! Pero aun así, no olviden que les dije que todos eran felices ahí. Había una plaza con un tanque de agua y un molino. ¡Sí, un molino, aunque les resulte raro en una plaza! También un mástil con su bandera, plantas como durazneros, paraísos, algunos canteros con rosales, flores de conejito, pajarito, lirios y gladiolos. En una de las esquinas había una canilla pública de donde, en una época, todos tenían que ir a buscar agua. Era muy incómodo transportarla en baldes o tachos todos los días, especialmente para quienes no vivían cerca de la plaza, por más pequeño que fuera el pueblo.



Siempre pienso que las personas, cuando tienen menos comodidades y bienes materiales, se vuelven más creativas, más unidas y solidarias. En Candelaria Sur–así se llama el pueblo del que les hablo, está ubicado en el Departamento Totoral, Provincia de Córdoba–, la gente era así. Con el esfuerzo de todos, poco a poco, cada casa tuvo su canilla de agua propia, primero frente a sus casas y luego dentro de ellas. ¡Qué progreso! ¡Fue todo un suceso la inauguración! Frente a la plaza–que, por cierto, ¿tenía nombre? Bueno, si lo tenía, no lo recuerdo–había una hermosa iglesia. Su Santa Patrona es la Virgen de la Candelaria. En ella se celebraban casamientos a los que asistía todo el pueblo. Unos por estar invitados y otros, de puro curiosos. Cuando finalizaba la ceremonia y se retiraban los novios, las mujeres y niñas se quedaban como una hora en el atrio comentando todo lo que se refería al vestido de la novia, madrina e invitadas. Que si tenía demasiada cola, que si brillaba demasiado,que si la madrina estaba elegante, que ¡cómo no va a llevar sombrero o tocado! Porque eran épocas donde las damas en las fiestas casi siempre los usaban. “Si yo hubiese sido la madrina, me hubiese colocado un tocado con tul y además guantes”, comentaba una señora. “A mí me pareció perfecto”, respondió otra. “¿Vieron qué belleza los zapatos y cartera de la madre del novio?”, intervino doña Dora, que de modas sabía bastante, ya que como modista tenía mucha experiencia.
“Oh, sí, todo una obra artesanal, forrados del mismo color que el vestido” asintieron todas. Y comentario más, comentario menos, el tiempo iba pasando y las señoras seguían entretenidas mientras las niñas correteaban por los alrededores. ¡Y claro… acontecimientos como éste no se vivían todos los días! En la iglesia también se celebraban bautismos, funerales y misas especiales. ¿Por qué digo especiales? Porque en el pueblo no había sacerdote permanente y sólo asistía cuando se lo llamaba “especialmente” para algún acontecimiento como los que mencioné. El pobre viajaba varios kilómetros desde Villa del Totoral, lugar turístico e histórico muy importante del norte cordobés. Tan importante, que como cordobeses no deberíamos dejar de conocer y disfrutar, no sólo por lo que representa históricamente, ya que fue en su momento paso obligado de grandes personalidades no sólo de la política, sino también de la cultura de nuestro país. Y lógicamente un lugar turístico con un maravilloso balneario de aguas cristalinas, que Anna adoraba visitar siendo pequeña. Bueno, volviendo a lo que les contaba del sacerdote en aquellos tiempos, cuando iba al pueblo, el cura sabía que tendría muchas actividades por realizar ya que, aprovechando su presencia, nadie lo dejaba ir sin confesarse. Se celebraban varios bautismos al mismo tiempo, desde bebés a niños que ya caminaban, confirmaciones, oficiaba misas comunitarias, reuniones con los padres de niños y niñas que el 8 de diciembre tomarían su Primera Comunión. Esa fecha era inamovible. Todos los niños tomaban su Primera Comunión ese día cada año. Pero la fiesta mayor, la que congregaba no sólo a los habitantes del pueblo sino también de pueblos vecinos, era la de la Santa Patrona Nuestra Señora de la Candelaria. Eso sí, para este evento, el Párroco se instalaba en el pueblo por diez o quince días todos los años.



¡Qué lío que se armaba con las familias! Todos querían que el sacerdote fuese a almorzar o cenar a sus casas. Recuerdo que el Padre Moyano, por complacer a todo el mundo, aunque sea yendo a tomar mate con tortas fritas, terminaba la fiesta patronal con varios kilos demás. Lo cierto era que el pueblo se vestía de fiesta y lo hacían anticipadamente. Todo debía estar en perfecto orden antes del inicio del primer día de la novena hasta el último. ¡Qué hermoso era ver todo recién pintado! La Iglesia, la plaza, la escuela, negocios y casas que cobraban vida, ya que durante todo el año, muchas estaban deshabitadas y cerradas porque sus dueños no vivían permanentemente en ellas, sino en estancias alejadas del pueblo. Las habían construido especialmente para instalarse durante la fiesta patronal, una costumbre transmitida de generación en generación por bisabuelos y abuelos a padres e hijos. El último día se celebraba la misa y procesión. Recuerdo que durante este acontecimiento religioso, entre los acompañantes de la Virgen, siempre había tres ángeles que la custodiaban: eran tres niñas. Una de ellas era Anna. Vestían túnicas de color rosa, blanco y celeste y, en su cabeza, una coronita dorada. ¡Qué orgullo sentían al ser elegidas para esa ocasión! Cuando la imagen de la Virgen aparecía desde el templo, se escuchaba el repique de las campanas de la iglesia, acompañado del agitar de pañuelos celestes y blancos como su hábito y el “¡Viva María!”, por el altavoz del cura Párroco. Era emocionante ver tanta gente marchando alrededor de la plaza.



¡Qué lío que se armaba con las familias! Todos querían que el sacerdote fuese a almorzar o cenar a sus casas. Recuerdo que el Padre Moyano, por complacer a todo el mundo, aunque sea yendo a tomar mate con tortas fritas, terminaba la fiesta patronal con varios kilos demás. Lo cierto era que el pueblo se vestía de fiesta y lo hacían anticipadamente. Todo debía estar en perfecto orden antes del inicio del primer día de la novena hasta el último. ¡Qué hermoso era ver todo recién pintado! La Iglesia, la plaza, la escuela, negocios y casas que cobraban vida, ya que durante todo el año, muchas estaban deshabitadas y cerradas porque sus dueños no vivían permanentemente en ellas, sino en estancias alejadas del pueblo. Las habían construido especialmente para instalarse durante la fiesta patronal, una costumbre transmitida de generación en generación por bisabuelos y abuelos a padres e hijos. El último día se celebraba la misa y procesión. Recuerdo que durante este acontecimiento religioso, entre los acompañantes de la Virgen, siempre había tres ángeles que la custodiaban: eran tres niñas. Una de ellas era Anna. Vestían túnicas de color rosa, blanco y celeste y, en su cabeza, una coronita dorada. ¡Qué orgullo sentían al ser elegidas para esa ocasión! Cuando la imagen de la Virgen aparecía desde el templo, se escuchaba el repique de las campanas de la iglesia, acompañado del agitar de pañuelos celestes y blancos como su hábito y el “¡Viva María!”, por el altavoz del cura Párroco. Era emocionante ver tanta gente marchando alrededor de la plaza.
Junto a ellas siempre venían también cabalgando, sus vecinas de apellido Farías. ¡Cuánto sacrificio cuando hacía mucho frío o llovía!.



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Poemas y cuentos Mascoteros

En coautoría con el Dr. Miguel Ángel Halabi, Ed. Babel (2011) Córdoba.
Selección de poemas



Hugo Sandokán

Este es el poema fábula
del lorito Hugo Sandokán
que para que cierre el pico
su dueña le da pan.

Es travieso y metiche
le gusta llamar la atención
grita y chilla como loco
para salir al balcón.

Se cuelga cabeza abajo
suspendido en una pata
mientras  con la otra sostiene
la comida en una lata.

Le gustan las semillas de girasol
 las migas de vainillas
y si no encuentra qué comer
mordisquea las patas de la silla.

El muy pillo hace desastres
cuando lo sacan al patio
picotea los malvones
y no deja crecer el pasto.

Apenas suena el timbre
es el primero en contestar
les miente a los vecinos
diciendo que su dueña no está.

¡No se salva ni la perra!
a quien considera una vieja
y en cuanto ella se descuida
le picotea la oreja.

¡Qué genio que sos Huguito!
Se dice el muy agrandado
hasta que cansados sus dueños


lo encierran con candado.



Poema dialogado

Iba Teo el caniche
de paseo con su ama Susana
mientras descubrió asomada
a Margarita, la perrita, en una ventana

Ella estaba muy bonita
con su vestido de pétalos
y ajustaban sus orejas
dos cintas de terciopelo.

- ¡No sabía que en esta esquina
vivía tan bella vecina!-
Dijo Teo muy poético
con aire conquistador.

- ¡Tampoco yo sabía
que era usted tan atrevido!
mejor cuide a su dueña
que para eso lo han traído-.

- Disculpe por molestarla
pero si está usted de acuerdo
me gustaría invitarla
a cenar a Mc’ Tiernos
donde preparan menús  variados
de leche, carne y atún
y de postre huesos saborizados
de jamón ahumado-.

- Eso me parece justo
y de su parte correcto
Estaré sentada aquí
¡y espero no sea un cuento!-





Lola


La perrita Lola
de mi amiga Silvia
luce como una reina
sentada en una silla.


Se imagina estar en el trono
con capa, bastón y joyas
pero los príncipes herederos
le robaron la corona.


Es inquieta y audaz
corretea como loca
mientras limpia la casa
con el escobillón en la boca.


Su vecino el gato Napoleón
la pone nerviosa
sacudiendo provocativo
en la tapia su cola.


Lola prefiere a Overita
la gata de su vecina Anita
porque es tranquila y coqueta
y para travesuras dispuesta.


¡Ay vecinos! ¡Mucho cuidado!
Con dejar a Lola de lado
porque es capaz de morderlos


hasta con el rabo.



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8 comentarios:

  1. Muchas gracias Jorge Curinao!
    Saludos!

    Ana María

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  2. Muchas gracias Jorge Curinao!
    Saludos!

    Ana María

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  3. Muy bueno... Que linda historia... Traviesos y soñadores como todo niño... Y me encantó el burro parlanchin!!!!

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    1. Gracias querida Forencia! Nada más representativo de nuestras serranías cordobesas como un burrito!

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  4. Muy lindo!!! Me encantaron estos capítulos. Dos niños aventureros, traviesos y soñadores, como cualquier niño. El burro es mi personaje favorito.

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  5. Muy lindo!!! Me encantaron estos capítulos. Dos niños aventureros, traviesos y soñadores, como cualquier niño. El burro es mi personaje favorito.

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  6. Florencia! Muchas gracias! Coincides con muchos lectores! El capitulo 4 "Simón" les resulta muy atractivo! Gracias!

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