domingo, 13 de julio de 2014

Enrique Menoyo

Nació en Villa Dolores en 1928. Ha colaborado en diarios y revistas de todo el país, en particular, en "La Prensa" de Buenos Aires. Poeta de palabra sencilla y profunda, de formas simples y tradicionales, ha logrado conjugar, con excelente acierto, la búsqueda metafísica, el símbolo y la musicalidad. Es co-fundador de la revista Laurel junto a Alberto Díaz Bagú y ha recibido el Premio Provincial de Literatura por su libro Retorno en 1956.
Publicaciones: Retorno (1956), Los días (1960), Realidad Cautiva (1964), Afán de vida (1969), Destino (1975) y Definiciones (1984).

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REALIDAD CAUTIVA

Ed. Francisco Colombo1960, Buenos Aires

Tal vez en esta tarde

Tal vez en esta tarde,
sensible y provinciana,
se repite un momento
de una tarde lejana.
El aire apenas gira
sin despertar las ramas
un grillo abre el silencio
el poniente se llaga.
Quizás aquella estrella
es la que ayer miraba
¡ah la testigo dándome
ternura y esperanza!.
Tal vez es esta tarde
como aquella lejana.
Oigo voces perdidas.
¡Una voz que me llama!

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Meditación junto al mar

No nací junto al mar. No soy hombre de puerto.
No fui niño asombrado de volar cielo abierto.
Mi cielo se interrumpe en montaña rotunda
donde la nube sala, es fronda vagabunda.
Mi niñez tuvo el canto que desde molle umbrío
dice el zorzal ferviente celebrado el estío.
No tuvo la gaviota de sal, de espuma; esa
que se va con los barcos y en círculos regresa.
Tuvo de la cabra ríspida. Tuvo el lagarto alerta
en vez de peces de oro, en vez de bruma muerta.
Yuyos con mariposas tejieron sus mañanas
no calcó algas azules ni sirenas profanas.
No conoció la fuga continua de la ola,
su naufragado vuelo, su desecha corola.
Hoy que a orillas del mar veo una blanca vela
el humo de los barcos que en el cielo se estela,
Pienso: cada destino con singular constancia,
lleva su geografía, la que tuvo en la infancia.
Y opongo a este paisaje de mar mi serranía
sus quebradas con río, su grave crestería...
No digo que es mas bella la montaña que el mar,
pero crecí mirándola. No la puedo cambiar.

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La casa

Es esta la paterna casa, hermanos,
donde corrimos por los libres días
de la niñez, donde las alegrías
se ensanchan en sueños cotidianos.
Vayamos por su quinta de manzanos,
por sus jardines y sus galerías.
Miremos sus ventanas, ya sombrías,
y convoquemos tardes de veranos.
Todo un mundo de asombro y de aventura
logramos aprender en esta casa.
Aquí fue realidad sueño y ternura.
Aquí la vida nos abrió un camino.
Y era completo el bien, la pena escasa.
Y tuvimos un Dios contra el destino.

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Infancia

No cambiaré tu cielo luminoso
donde el pájaro vuela cristalino,
y el viento se despierta rumoroso
seguro de su rama y su destino.
No cambiare tu gracia y tu alborozo
de cascada cerril desecha en trino,
ni tu sendero de inocente gozo
con mariposa azul y junco fino.
No cambiaré tu devoción sencilla
cuando la tarde vierte su quebranto
de contemplar la estrella que mas brilla.
No cambiará tu irreprimible llanto,
sólo quiero crecer en tu semilla
y dar tu flor, tus hojas y tu cantos.

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El café

Hace ya mucho tiempo yo venía
a este bar cordobés, a esta mesa,
por revivir mi amor y mi tristeza
de adolescente que soñar quería.
Un rubio chop era mi compañía
mientras la tarde andaba con pereza.
Recuerdo el sol poniente en su riqueza
frutal sobre la calle ya sombría.
Y aquí estoy nuevamente, en fiel empeño
por recobrar un mundo muy distante
para darlo al piadoso don del sueño;
O acaso por sentido todavía,
como en perdidos años de estudiante,
lleno de amor, de ausencia y rebeldía.

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En un bar

Mientras repaso un libro
y una cerveza bebo, un niño me interrumpe,
me mira humilde y serio.
Tiene siete años, en sus ojos
hay un brillo deshecho.
Pienso su infancia rota
y sus días sin juego.
Un dolor, sin olvido,
crecerá con su cuerpo.
Tal vez lo que le doy
lo hiere sin remedio.
Se va silbando triste.
El silbido es su sueño.

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AFÁN DE VIDA

Ed. Colombo.1969, Buenos Aires

Campo y temor

Caballos en la tarde
por el campo. Caballos
libremente felices
humeando alguna hierba,
junto al río que arrastra
el agua silenciosa,
dócil a estos declives
Tiernos de la llanura.
y arriba pasan nubes
que no pueden unirse.
Y el sol cae. Y no obstante
ver caballos y río,
ver árboles y viento,
mi vida teme un día
no gozar de estas cosas.

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DESTINO

Ed. La Ventana. Rosario, 1975

Canción

Un pájaro canta
y otro pájaro le responde
los dos cantos se unen
algo mas alto que los árboles
en el aire con sol
y se pierden felices.
ya es otra la mañana.

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Los principios

Tuvimos principios elegantes.
Comimos y dormimos elegantemente.
E hicimos el amor con elegancia.
Pero ahora ya no hay tiempo de rodeos.
Y como a manotazos y duermo poco.
Y te quiero salvajemente.

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Destinos

El insecto apenas disfruta
unas nupcias que lo destruyen.
El árbol, retenido en su sitio,
se endulza hasta caer e fruto.
El pájaro canta y vuela,
y va de una primavera a la otra.
Y el hombre ama y olvida
Vasallo de su sangre y de su sombra.

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Presencias

El cielo de la noche.
La ciudad dormida.
Pero alguna ventana que queda despierta
Desvelada por el amor y por la muerte.
Años y años sucediendo lo mismo
en distintas noches sucediendo lo mismo
mientras espera el amanecer
La luz limpia.
Y de repente la vida triunfa y perece.
Y las estrellas palidecen, se deshacen.
Y la ventana apaga su luz por la del día.
Pero el amor y la muerte siguen presentes.

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DEFINICIONES

Ed. Alarcón, 1987 Córdoba

Versos
Versos, alta marea,
acontecer irresistible
donde la realidad y los sueños,
se suman, se confunden
y son lugares, sucesos,
momentos de amor y soledad.

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Comprensión

Hay momentos donde la vida
fermenta llamas alucinadas.
Y al resplandor de ellas
comprendemos el mundo.
Entonces la muerte es otra imagen
que no nos invierte el destino.

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Doble imagen

Entre los sueños y la realidad
la vida hermosa y ardua.
Y tus ojos abiertos o cerrados
verán la doble imagen,
unidas o separadas, con su luz y su sombra
con su amor y su olvido, sin remedio.

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Nostalgia

Tienes nostalgia de aquel pueblo
calcado por los ojos, por la infancia.
De sus calles, de sus veredas con naranjos,
de su plaza secreta, enamorada.
Nostalgia de sus días y de sus noches,
jubilosos de sol, altas de estrellas.
Y no puedes volver. Arduo es el tiempo
que intercala
su adiós y su ceniza.

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LOS DÍAS

Confesión

Vivo. Soy. No me quejo.
Tomé mi parva. Navegué mi río.
Mi canto es el bosquejo
de lo que siento mío.
Cual un árbol espero
mi cosecha, mi sol, año tras año.
Mi noche se deshace en un lucero.
Pinto mi flor. Mi soledad engaño.
Nada más que la vida
-lo sé- puede salvarme de la muerte.
Desprecio el llanto del suicida.
Temo la vida, sí. Temo perderte.
A veces siento el peso
de una ausencia total. El aire es frío.
Y me tumbo y regreso.
Hay una infancia tierna de rocío.
Por un túnel de ensueño
veo mi corazón. El que era niño.
Una banda de pájaros hace el día risueño.
Y a mi dolor, a este dolor, destiño.
Cada aurora me entrega -tal lo sientosu
arrebato de luz, su libre grito.
Piso la tierra. Remolino el viento.
Quiero amasar mi poco de infinito.

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Poema II

El día me protege.
Rompe mi anillo de astros.
Su certidumbre crece.
Para mí, el cielo se tumbó en los charcos.
Me gana un yuyo verde.
Un pedazo de tierra. Una voz. Una mano.
Me gana el río de la luz
inundando los campos.
Y miro y bebo todo.
Palpo el aire, su andamio.
Toco el amor de golpe.
Ningún recuerdo gira a mi costado.
Mi libertad es ésta:
jaula de sol, de viento y árbol.
Desde el umbral del día
siento el mundo recién inaugurado.

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Canción

Estoy mirando el silencio
de la tarde.
Empieza a jugar la sombra
en las redes de los árboles.
El pueblo se achica y sueña
en ventanas familiares.
Oigo una campana. Siento
que el tiempo pasa distante.
Con la estrella piso la noche
y vuelvo a mis soledades.

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Noche

La noche ya en astros,
alta sobre la aldea.
Y un silencio de sombra
y de campana quieta.
La luna se demora
en la plaza desierta.

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El viento

Por los cerros del norte
se levantó en bandadas.
Venía arreando nubes
tormentosas y altas.
Pensamos que traía
el júbilo del agua,
pero cegó con tierra
la música mañana.
Y fue como su canto, grito
pero de oscuras ansias.
Voló techos y cercos.
Batió las quintas grávidas.
Cuando al final del día
se le cansaron sus alas,
un sol manchado y triste
puso sangre en las ramas.

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