domingo, 13 de julio de 2014

Germán Maretto

Es docente del Taller de creatividad individual y del taller de creatividad literaria “Tertulias para escribir”, en la Biblioteca Córdoba. Publicó el libro de poesía “Conjuros de ciudad sin mar” por Ediciones del Boulevard (1998) y tiene una  participación en la antología del taller literario de la Sociedad Argentina de Escritores – Filial Córdoba (1995); y en  la  revista literaria de la SADE – Córdoba y en la antología del taller literario “Artesol” de la Asociación de Docentes de Enseñanza Media de Córdoba (1994).




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“Conjuros de ciudad sin mar”

Ediciones del Boulevard, Córdoba, 1998.


Lo que queda


Lo que queda de un cigarrillo:
una colilla arrugada
y un poco más de humo en los pulmones.
Lo que queda de una moda:
ropa vieja en el placard
y nuevas instrucciones para el peine.
Lo que queda de una fortuna:
facturas, recibos, contratos
y algunos lujos herrumbrados.
           
Lo que queda de un hombre:
una lápida entre muchas
y alguien que lo recordará.
Lo que queda de un líder/santo/genio/héroe:
una lápida de oro (pero lápida al fin)
y una estatua acalambrada.
Lo que queda de un ser querido:
unas cuantas fotos
y un querer que vuelva.

Lo que queda de una patria:
una bandera en un museo
y su nombre en un mapa viejo.
Lo que queda de una civilización:
escombros en terapia intensiva
y su eco retratado en un libro.

Lo que queda de una idea:
un montón de seguidores
y algunas cosas por hacer.
Lo que queda del Arte:
un pedazo de realidad
y un momento de recreación.
Lo que queda de la Belleza:
una admirada descripción
y todos aquellos que la extrañan.

Lo que queda del Tiempo:
una vuelta más en el reloj
y otra página en el libro de Historia.
Lo que queda del Universo:
dicen que será un átomo desintegrado
o quizás un frío pedazo de hierro.

Si quisiera generalizar;
lo que queda de casi todo,
desde un cigarrillo
hasta el mismo Universo,
es lo justo y necesario
para que podamos recordarlo.

Pero hay algo que no es trivial,
porque:
no fuma cigarrillos,
se ríe de las modas,
no busca fortunas,
está en cada hombre,
desobedece a los líderes,
fusiona a los seres queridos,
no se limita en patrias,
no es influido por civilizaciones,
legitima las ideas,
da sentimiento al Arte,
es la vida en la Belleza,
sobrevive al Tiempo
y abarca al Universo.

Lo que queda del Amor;
es aquella Vida
que excede a la Muerte.

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Poema de un marinero de ciudad



Una vez que haya levado mi ancla,
les habré dejado escrito
que el mar tenía su dulzura oculta.

El amanecer y el atardecer
dejarán de lidiar contra la noche
y la noche madrugará por primera vez.

Habré partido a puerto nuevo.
¿Quién borrará mi estela?.

Grítenle al cielo su mejor canción,
la que sea.
Despierten al vecindario;
la noche significa partir,
que nadie se vaya.
Hagan madrugar a la noche,
vaga y bohemia.
Invítenla al banquete
pero no le den muchos honores;
después que lave la vajilla
y con los manteles
que haga una bandera.
Inventen un país
que dure lo que una copa en alto.

Celebren por mí
que yo también lo haré,
porque he llegado: he partido.
Celebren por mí,
que estaré con ustedes en un rincón,
en un rincón de su corazón.
           
Celebren también por la vida:
un mar tan imprevisible
y por sus corazones:
amplios muelles desde donde zarpé.
Celebren por mi alma:
una gaviota sin barco.

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Espontáneas 3 A.M.


Miradas

Te miraré a los ojos
                              una vez más.
Las velas encendidas evaporarán las últimas fronteras.
Dulce aroma.
Me mirarás a los ojos
                                por primera vez.
Apagaremos las velas.


Déjame

Déjame caminar por los techos;
déjame besar la luna,
ella es mi amante
                          infiel.
No me persigas
                       por esta vez.
Déjame ser
                 esta noche
                                 el gato blanco.


Águilas

Tomarás mi mano,
un águila se incendiará en vuelo.
Será libre,
sus crías reinarán.
Tomaré tu mano.
Seré libre.


Cosquillas

La muerte me lame la espalda,
sus cosquillas me hacen reír.
Tú me lames la espalda,
tus cosquillas...
                        son tus cosquillas mías.

Volar

El atardecer siempre nos dio cabida,
una vela siempre invocó a la noche,
la luna siempre alumbró nuestro lecho,
nuestro amor siempre abrió la ventana
                                                         para salir a volar.


Jugaremos

Jugaremos a las escondidas.
Contarás hasta tres.
Me esconderé en tus sueños.


Espérame

Te quedarás dormida
                                a la mañana.
No me buscarás
                        al despertar.
Sabes bien
                 que por la noche
debes abrir la chimenea del hogar
y dejar la cama preparada.


Siembra

Sembraremos en la huerta del cielo
flores inquietas,
flores pequeñas;
estrellas.
El viento regará la tierra
y te desacomodará la bufanda
hasta que renazca
                           la luz de plata matinal,
hasta el último beso dorado.

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Amor de mi vida


Te casarás con otro,
como siempre pensé.
Como siempre
y siempre,
te tendré en la mira telescópica
de mi rifle con balas de salva;
y sabré en todo momento donde estarás
                                         donde mirarás
                                         donde irás
                                         donde serás.
Te amo,
             quiero,
                        deseo,
                                  pienso,
                                             siento;
pero nunca dejarás que te lo diga.
Te tiento
pero decís no,
siempre no.
¿Siempre será no?
¿Siempre?

Serás las tres cuartas partes de mi vida,
me lo demuestro.
No me demostrarás lo contrario.
Serás la cita siempre rechazada.
Serás el siempreverde beso herido con el filo de la pared.

No caerás.
Caeré y me dolerá,
pero me levantaré aunque sea por orgullo
y buscaré un amor consuelo
para que cuide el desconsuelo
que guardaré en un rinconcito no muy adentro;
uno muy grande.
A cambio le daré las sobras de lo que era para vos.
Estará muy conforme.
Yo no.

Amor de mi vida:
nunca fuimos el uno para el otro.
Y mañana no cambiará.

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De fuego y mar


Recuerdo que estaba ciego
y ella me devolvió la luz.
Bailaba en el centro de la tormenta,
sola como una llama,
y me quemó.

Recuerdo con pasión
que su ardor besó mi carne
hasta la vejez que le llegó en un instante.

Sólo mis cenizas quedaron en pie,
aguardando su pretérita ceremonia del fulgor,
mientras el humo de lo que me resta por arder
oscurece de insatisfacción mi panorama.

Hoy bailas tú,
                     inocente lumbre,
y haces que me inunde el oleaje de mi pasado
con todas aquellas lágrimas pendientes de caer.

Escribo con fuego y mar
porque de ellos está hecha mi vida.
La llama seduce al agua
y el agua le devuelve un beso de vapor.


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