domingo, 13 de julio de 2014

Luis Alberto Ambroggio

(Córdoba, Argentina 1945). Miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y del PEN. Ciudadano de los EE.UU., donde reside desde 1967. Director en de la Academia Iberoamericana de Poesía e integrante de numerosas instituciones literarias. Con premios, reconocimientos, diez poemarios publicados hasta la fecha contienen su poesía que abarca casi medio siglo de creación: Poemas de amor y vida (1987), Hombre del aire (1992), Oda ensimismada (1992), Poemas desterrados (1995), Los habitantes del poeta” (1997), Por si amanece: cantos de Guerra (1997), El testigo se desnuda (2002), Laberintos de Humo (2005), Los tres esposos de la noche (2005), La desnudez del asombro (2009), y la antología bilingüe Difficult Beauty (2009). Sus poemas, algunos sido traducidos además del inglés, al francés, portugués, italiano, turco, rumano, forman parte de Antologías publicadas y virtuales, revistas, suplementos culturales y textos de Literatura como Pasajes, Bridges to Literature, Breaking down barriers y Encuentros. La Academia Norteamericana de la Lengua Española ha publicado un libro sobre su obra poética El cuerpo y la letra (2008). Sus ensayos e investigación se concentran en los temas de bilingüismo e identidad, la poesía de los Estados Unidos escrita en español y la poética de grandes escritores como Borges, Vallejo, Darío, que le ha merecido su nombramiento como Miembro Honorario del Instituto y Patrimonio Cultural Rubén Darío de León, Nicaragua. Su obra poética ha sido seleccionada para los Archivos de Literatura Hispano-Americana de la Biblioteca del Congreso de los EE.UU.


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De El Testigo se desnuda

Colección de Poesía “Puerta de Alcalá”, Madrid: 2002.

El testigo se desnuda
A Nela Río
¿Para qué escribo?
Para crucificarme y resucitar luego como tierra húmeda e inocente.
Para ser el último y el primero.
Para detener de una vez el río en la mano y beber agua.
Para que quienes beban las gotas sepan que hay río.
Porque los colmillos hacen ruido de frío, piedra y furia
Y porque las sombras de mis días y noches pierden todos los jeroglíficos.
Para que me entiendan y no me entiendan los que pasean en las calles
[con sombreros de todo tipo.
Para que quienes entiendan me inventen sin dolores de espalda.
Escribo para sembrar cenizas de colores en la soledad vasta
[y el gran silencio
Y porque sin besar, beso, y sin morir, muero.
Y me escapo con las manos llenas de insomnios indignos
Para transformar las noches en una luz feliz y el día en dos sueños rojos.
Escribo para repetirme hasta el olvido y recordarlo en cada verso
Y porque así el principio y el fin se tornan inagotables.
2000.

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De Los Habitantes del Poeta
Ed. Horizonte21, Washington: 1997.

Creación

Dios creó al poeta
para que alimente con cuidado
engendros,
mitologías,
piedras, árboles de agua,
relámpagos
y en medio de feroces insomnios
suelte un día, un dios,
hechos de papel.

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De La desnudez del asombro, Lord Byron
 Ed., Madrid: 2009.

LA EX-COMUNIÓN DE LOS AMANTES

¿Qué es la muerte sino la piedra de la vida?
¿Qué es la vida sino el triunfo sobre la piedra?
¿Qué es la piedra sino el silencio?
¿Qué es el silencio sino la muerte?

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De La desnudez del asombro, Lord Byron
Ed., Madrid: 2009.

DISTANCIA DE PAPEL

“¿Cantaría el poeta sin la angustia del tiempo?”

Antonio Machado

Se apresuran los eventos,
pantallazos en un viaje a 300 kilómetros por hora,
y el futuro pasa por debajo de los pies.
La agenda, mi vieja agenda,
se está poblando de muertos.
Los ojos van enturbiando mis iniciales;
las fotos tienen palidez de losa.
El espejo desconoce
la telaraña de mi arquetipo.
La ciudad amanece
y se cansa en las caras.
Me sobrecoge el placer de visitar a Poe
en su tumba urbana de Baltimore.
El río desnudo
ya casi estanque y violeta.
Mi amante, una flor cansada
de tanta primavera y verano.
El argumento del tiempo
es un argumento desesperado.

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De La desnudez del asombro, Lord Byron Ed., Madrid: 2009.

Marilyn monroe
Lo que importa es el lunar
y el ventilador que subía su falda,
acaso el perfil fotogénico de su silueta,
el rojo de los labios y las flores
que Joe DiMaggio enviaba
al mármol de Beverly Hill,
en su pared del cementerio,
religiosamente, cada año.
Sólo le basta una rosa
a la mirada del cielo
en las pupilas de su cárcel indecisa.
Washington, DC, Septiembre 2005

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De El cuerpo y la letra, Academia de la Lengua
Nueva York: 2008.

Cómo organizar el amor
“...nunca hasta ahora
contemplé en el mundo
junto al volcán la flor”.
Bécquer
Lava negra, lava roja, lava blanca
y tus manos que trabajan el cuerpo.
Optas por el mandato del sol
para navegar abiertamente el laberinto
y redimir la promesa.
Ayer te regalé luz y lluvia para que aplaques
al dios de la soledad;
cuando recibas este fragmento de fuego
crea luz y crea vida.
El caudal irá arrullando cada uno
de los recodos,
elegantes instintos
y hoy, en estos instantes de fondo,
más allá del bien y el mal,
estaremos nítidamente unidos,
luego de pronunciar la explosión del voto solemne
que humedece el viento,
gozo a la vez supremo y absurdo.
Volcán del Teide, Tenerife.

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De El Testigo se desnuda, Colección de Poesía “Puerta de Alcalá”
 Madrid: 2002.

El peso de los cuerpos

“Al fondo de las tumbas
Al fondo de los mares
Al fondo de murmullo de los vientos”
(Vicente Huidobro)
La sentencia de un cuerpo
vence la apatía de los dioses.
Cuerpos dóciles ante la furia de las ondas.
Cuerpos aferrados al morir y resucitar
y ser luego luminosos.
Cuerpos que son árboles, que son mares,
que son tierra humedecida
que son clamor y ausencia,
que avanzan en el viento
y lloran y reclaman millones de veces
el camino de vuelta
porque nunca pierden la memoria.
Cuerpos-espíritus que se elevan
desafiando a la muerte
como una lumbre sin tregua.
Nosotros les damos a los cuerpos sus alas.

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Del poemario Azahares de la Memoria, 2010, inédito.

Coincidencia

Hoy, nuestro número
únicamente hoy,
único nuestro,
el número:
9/9/9.
Jamás de nuevo
en el calendario.
Y, sin embargo,
el tiempo atesora
nuestra cifra
y con ella,
el cúmulo
de la existencia,
su origen y su final,
en una estación de estío
al borde del otoño
en el norte
y de la primavera
en el sur,
después del invierno.
Azul, rojo,
Nunca insípido.
Nuestro único número
lo implantó el sol
un día de vida llena.
Hoy, amor,
vivimos
la repetición
eterna
del número,
nuestro,
único:
El nueve
del nueve
del nueve.

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Del poemario Azahares de la Memoria, 2010, inédito.

Arqueologia del viento
A Macedonio Fernández

Busco la piedra de los poemas
Busco algo que no huya de mi sombra
y en su paz disperse el eco.
Busca algo que permanezca después,
después del agua y de la aureola
quedándose sin irse,
sin sufrir los ultrajes y las pérdidas
de los caminos sueltos.
Busco algo que no cuente
porque en su dureza hay
un solo número.
Busco la cifra callada
de los mil gritos,
víctima sin resignación,
escritura,
dignidad austera de presencia
donde viven perennes
la libertad de la memoria y el deseo.
Busco algo que sea
al revés,
esencia que se pervierte
con la verdad,
el golpe infalible del mensaje.

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“LA RISA DE LA INTELIGENCIA”: ELEMENTOS PARA UNA DISCORDIA

Sentimiento y pensamiento, verdad y belleza1

1 Adaptación del ensayo de Luis Alberto Ambroggio, “Elementos para una discordia”, que apareció
originalmente en El testigo se desnuda, Ed. Prometeo, Colección de poesía Puerta de Alcalá, Madrid:
2002., pp.42-44. La cita del título es de Jorge Luis Borges, publicado en El arte de escribir poemas
(apuntes para no llevar necesariamente el apunte)”, Urpi Editores, Nueva York: 2009.

Desde que tildaron a este conjunto travieso de palabras, desde que lo llamaron
con un tono acusador, desde que lo condenaron sutilmente al destierro de su género por
ser conceptual, busco cómplices para justificar el crimen. Bien, Hierro y Mallarme, el
poema está hecho de palabras, no de ideas, con palabras que muerden, que tocan, que
cantan, que defecan, pero las palabras mismas son ideas, arquetipos, átomos de ideas,
símbolos, un punto en el tejido del párrafo, en el párrafo visceral del concepto, evocan
el concepto y si sólo tocan, huelen, señalan asépticamente, nunca despertarán el
corazón de las cosas, su profunda belleza. Porque el ser, el entendimiento de lo que es,
de lo que nos duele en el fondo, cuando estamos y no somos, cuando somos en un
alrededor que nos define, cuando definimos nuestro alrededor, cuando el otro, el lector,
el escritor que es lector, ese yo complicado que existe en, con, para, y que es un río, un
dios, una ameba, que se siente nada y lucha por sentirse todo, o, en todo caso, por
llegar a ser algo con las flores y la magia, ese ser contiene la belleza original y hace
bella a la búsqueda y sus expresiones de madera, papel, piedras, Iglesias y cantos. El
encuentro, la ilusión del encuentro, la comunión con este fuego que está abajo, adentro,
nos provoca gusto, alegría, náusea, locura y éxtasis.
No sostengo que sólo cuando la náusea llega a su apogeo nace la poesía. Porque
la hemos recortado en el agua de la piel, en el ritmo de los óvulos y los espermas, en la
mirada que se ensancha hasta el absurdo, el imposible, lo infinito, en la solemnidad de
la muerte y sus gusanos. El fondo del poema, el que queda en el paladar luego de la
metáfora, el epíteto oportuno, la métrica acabada, el acento bien colocado, lo que
queda, su alma, lo que inadecuadamente llamamos mensaje, lo que no es mensaje sino
vida plena, eso que no puede captar del todo la lógica, la metafísica, el concepto vital y
expansivo, ese fondo es el poema que contiene todo lo enumerado y más porque su
expresión es el grito que emerge de la penetración o recibimiento, de haber hecho el
amor con el misterio, la unicidad, el inner sanctorum que se transforma, se transfigura,
se multiplica. De allí que ese gene, ese embrio, ese amor con cuerpo y mente propia,
nos involucre y enloquezca a cada uno de nosotros de diferente forma, con vibraciones,
colores, temperatura, ojos, movimientos en las células del cerebro y otras partes del
cuerpo, peculiares y distintas.
Claro, mi apreciado Machado (Antonio), puedo así comprender que Ud. se haya
referido a los poetas como "metafísicos fracasados." La lista de nuestros grandes
cómplices incluiría, entre otros, a Unamuno que crucificó el sensualismo, a Emerson
que ensayó la esencia del poeta y del poema, a Wittgenstein que escribió en su Tractus
que sólo debería poetizarse la filosofía, a un Vallejo que teje sus poemas como un
pensamiento abierto sufrido en cada hueso y busca en su poesía la compañía de
pensadores como Marx, Fuerbach, Freud; a Borges que califica su poética de
intelectual (y nombra como tales a Shakespeare y Dante); a Aragón y Breton que
fueron llamados "poetas de la razón" y a Aristóteles, más recientemente Heidegger y
Arendt, quienes acudirían a la poesía para completar o consumar la filosofía, como
expresión supra-conceptual, a través de palabras, de su juego y su capricho, de
analogías, comparaciones sorprendentes, figuras del lenguaje, títeres crueles, en fin,
todos esos recursos espirituales sanguiñeos y pecaminosos que animan a los poetas. Si
todos los poemas son, en definitiva, poemas de amor o poemas de muerte, la vida
misma, el ser, encarnan variaciones de estos temas y la poesía (palabras, ideas,
música, tierra, artificio, significante, significado, inspiración y trabajo), es
exclusivamente su expresión feliz y caliente, concreta y abstracta, vana y profunda.
En fin, mi frustración es más limitada pero no menos inquietante. Y no me alivia
ni la liberación semiótica ni otras propuestas porque no comulgo con la distinción entre
la palabra que define y la palabra que penetra y expresa: las dos crean placenteramente
el ser. Voilá, la poesía, ciencia del ser: una conclusión que le pertenece a Saint-John
Perse "Poésie, science de l'Etre". Por eso, mi querido Holderin, sigo mendigando
mientras cultivo mi sueño de que a partir de una flor (un jazmín, por ejemplo), de sus
blancos pétalos, de su perfume que me inunda, pueda vivir con la totalidad de su ser,
brotar como ella con la complicidad de la abeja, extraer el polen y sentir en mi lengua
y en mi semen, cómo creció hasta entrar en mi vida, la complejidad de sus genes, cómo
se comunican y me aceptan hasta poder ser yo quien humildemente la recree, la ame y
acaso, la inmortalice.
" Les poetes ne sont pas seulement les hommes du beau. Ils sont encore et
surtout les hommes du vrai." ¡Magnífico Apollinaire! O, en inglés, con palabras de
John Keats, "the beauty of truth, truth beauty".
©Luis Alberto Ambroggio


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