Archi Londoro presenta Nostalgias cordobesas
Archi Londero nació en Córdoba en 1965 y es autor de la saga Las Historias de Don Boyero, publicadas durante más de 10 años en La Voz del Interior y rescatadas en sus tres primeros libros, producidos por las editoriales Alción, Del Boulevard y Raíz de Dos.
Nostalgias Cordobesas, su reciente libro editado por Recovecos, es su cuarto libro, y allí se recopila una selección de columnas publicadas también en el diario que celebra sus 120 años con actividades especiales en esta Feria.
Sobre el libro
Nostalgias Cordobesas ofrece una selección de mosaicos de
múltiples formas y colores que evocan aquella Córdoba que aún se ilusionaba con
ser la capital del mundo.
Tras haber recibido a la Fórmula Uno, fue subsede de un
Mundial de Fútbol, la visitó un Papa que hasta se quedó a dormir, atesoraba
obras del mismísimo Eiffel y logró dos equipos que llegaron a la final de un
Nacional.
Los cordobeses estaban por dominar el planeta y disfrutaban
de vivir en el centro de un país capaz de dar vuelta el planisferio para quedar
en la cima del mundo.
Los relatos seleccionados en este libro evocan aquellos años
inolvidables para varias generaciones de rodillas lastimadas y amores que
entraban en una servilleta.
Tanto para locales como para extranjeros, estos textos resumen la esencia de una ciudad y una comunidad que sobrevivieron a la crisis aferrados a un manojo de ilusiones que en su mayoría aún resisten.
Extracto de un relato:
Cuando era niño, antes de que Galileo irrumpiera en nuestros manuales de estudio, la ciudad de Córdoba estaba en el centro del universo, ninguno de mis amiguitos lo discutía.
En esa ciudad mediterránea y tan bien llamada La Docta, en
esa urbe que poseía los toques de fealdad justos como para ser la más linda,
todos los personajes famosos del mundo eran cordobeses.
Nativos o por adopción, podían marcharse de gira, pero
siempre volvían, al menos una vez al año, por lo general para festejar el Día
de la Madre.
En esa Córdoba egocéntrica, Tita Merello vivía en el hotel
Waldorf porque todas las noches cantaba hasta tarde en El Chantecler, donde Don
Abraham y sus amigos la llenaron de aplausos cuando interpretaba Se dice de mí.
En esa Córdoba vertiginosa, Carlos Reutemann hacía picaditas
con Niki Lauda en la ruta 20, desde el Banco del Interior y la Provincia de
Buenos Aires hasta la entrada de IME.
En esa Córdoba infantil y divertida, el Capitán Piluso
jugaba campeonatos de yo-yo con Carlitos Balá, mientras cantaban temas de Gaby,
Fofo y Miliki, como La Gallina Turuleca o Mi barba tiene tres pelos.
Por entonces, los chicos íbamos de paseo en un auto feo
junto a Pipo Pescador, que procuraba obtener mojarritas en La Cañada con una
botella de sidra agujereada rellena de trocitos de pan.
En esa Córdoba fantasiosa, cualquier chico de mi edad podía
tener un elefante en el patio, igualito al Dailan Kifki de María Elena Walsh,
que podía convivir en la misma cucha con un E.T. o jugar a las escondidas con
los Gremlins.
En esa Córdoba espectacular, los Titanes en el Ring peleaban
jueves de por medio en el Sporting Club, donde Abbott y Costello divertían al
público entre pelea y pelea para que el hombre de la barra de hielo pudiera
pasar sin que los desubicados le invadan el pasillo principal.
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